mencion non plus ultra

Resurrección

El médico comunicó la triste noticia: la señora Rosa acababa de fallecer. Un minuto después, sus cuatro hijos y sus diez nietos, que hacía meses que no aparecían por la casa, pasaron con impaciencia a la salita azul. Antonia los oía gritar mientras la amortajaba y arreglaba las sábanas. Cuando terminó, tal y como le había pedido la señora el día anterior, llenó dos copitas con el brandy de Jerez Gran Reserva, el de las ocasiones especiales. Apuró la primera, brindando al cielo y luego, con la otra, mojó los labios azules de la difunta. Al instante, la señora Rosa abrió los ojos y susurró: “Lo sabía. Milagroso”.

Los buitres seguían discutiendo en vano en la salita azul.

Raquel Traverso Rodríguez

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