tercer premio certamen

Destino

Esa mañana, al lavarse la cara, el hombre descubrió que las líneas de las palmas de sus manos habían desaparecido. 

–Qué extraño –se dijo. Y siguió lavándose. Se cepilló los dientes, se peinó y volvió a fijar la vista en ambas manos. Pero nada había cambiado: estaban completamente lisas.

–¿Me habré quedado sin destino? –dijo con una sonrisa nerviosa. El hombre miró hacia el reloj de pared y se dio cuenta de que no tenía mucho tiempo. 

Fue hasta la cocina y preparó café con tostadas. Luego de desayunar, prendió un cigarrillo y lo fumó lentamente, saboreando cada bocanada. Bebió una copita de brandy de Jerez. Se vistió con su mejor traje, se perfumó y permaneció un largo rato frente al espejo inspeccionando cada detalle.

–Lindo día –pensó al salir a la calle. Comenzó a caminar sin rumbo fijo. No iba a ninguna parte.

 

Ezequiel Tambornini

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