Los del quinto
Me acabo de tomar una copita de brandy de Jerez y me he puesto mis pendientes favoritos. Siempre lo hago antes de asomarme al patio. Cuelgan de las cuerdas de la del quinto sus cuatro niños recién salidos de la ducha. Qué niños más buenos. No dan guerra ninguna. Ahora se estará duchando el marido y después se tenderá. Él se queda colgando a pulso de las cuerdas. Pero, a diferencia de los niños, no para de protestar: que si “tráeme al menos unos calzoncillos”, que si “ponme un plástico que va a llover”. Pobre mujer, no para en todo el día. Luego le tocará bañarse a ella, y no quedará sitio en el tendedero. Tendrá que sacrificarse y volver a secarse con su único paño de cocina. Esa mujer es una santa.
Miguel Ángel Escudero Eble
